
Un simple correo electrónico puede cambiar un día y a veces, devolvernos casi 75 años atrás.
Hace apenas unas semanas recibíamos en Gaztelueta un mensaje muy especial. Ignacio Arroyo, antiguo alumno del colegio, nos escribía para contarnos que una de las fotografías que presiden el pabellón central era, en realidad, la imagen de su padre, Jaime Arroyo, alumno de la promoción 3, que había comenzado su andadura en el colegio en 1951. Su deseo era sencillo y profundamente significativo: traer a su padre para que pudiera volver a ver aquella imagen tantos años después.

Desde el primer momento quisimos hacer posible ese reencuentro. Organizamos con ilusión una jornada pensada para que Jaime y su hijo Ignacio pudieran revivir recuerdos, recorrer el colegio y compartir su historia con las nuevas generaciones. Además, gracias a la generosidad de un amigo de la familia, que prestó un perro muy similar al que aparecía en la fotografía original, fue posible recrear aquella imagen histórica. El momento fue especialmente emotivo: pasado y presente se unían en un mismo gesto, reflejando la continuidad de una comunidad que crece sin olvidar sus raíces.

Durante la visita, recorrió con calma los distintos espacios . Se mostró entusiasmado al descubrir los cambios, las nuevas instalaciones y los proyectos actuales, pero, sobre todo, profundamente emocionado al recordar anécdotas en cada rincón: los primeros años, la amistad entre compañeros, la cercanía de los profesores, la formación humana y cristiana y el ambiente familiar que marcaron su vida.

Uno de los momentos más entrañables fue el encuentro con los alumnos de PEP 8. Nuestros alumnos tuvieron la oportunidad de conocer de primera mano cómo era el Gaztelueta de entonces. Con curiosidad y cercanía, le preguntaron por las clases, los juegos, las tradiciones y la vida diaria en aquellos primeros años. Jaime respondió con sencillez, transmitiendo valores que siguen siendo hoy la esencia del colegio: el esfuerzo, la responsabilidad, la amistad y la importancia de las familias en la educación. El ambiente fue especialmente emotivo al comprobar que entre los alumnos presentes se encontraban nietos de antiguos compañeros de su promoción, signo visible de cómo el espíritu de Gaztelueta sigue vivo a través de las generaciones

Casi 75 años después de cruzar por primera vez las puertas de Gaztelueta, Jaime regresaba para compartir su experiencia y trasladar su legado a las nuevas generaciones. Tras la visita, Ignacio nos escribía de nuevo para agradecer la acogida recibida y, con emoción, resumía lo vivido en una frase que quedará para siempre en la memoria del colegio: “uno nunca se va de Gaztelueta”.
Su visita ha sido un recordatorio de que el colegio no es solo un lugar de aprendizaje, sino una familia que acompaña a cada alumno a lo largo de su vida. Generación tras generación, Gaztelueta continúa formando personas libres, responsables y comprometidas, en estrecha colaboración con las familias, manteniendo vivo un estilo educativo que permanece, aunque el tiempo avance.
Este reencuentro nos anima a seguir educando con la misma ilusión, convencidos de que cada alumno que hoy recorre estos pasillos será mañana parte de esta gran historia.


