
Hoy hemos vivido una de las jornadas más duras por sobrecogedoras del viaje. Hemos salido de Cracovia cuando todavía era de noche y Auschwitz nos ha recibido con las primeras luces del día, entre frío y silencio.

Situado en Oświęcim, a unos 70 kilómetros de Cracovia, Auschwitz fue el mayor centro de exterminio del nazismo. Cerca de un millón trescientas mil personas fueron enviadas allí y más de un millón cien mil murieron. Al entrar, impresiona el cartel con el lema “Arbeit macht frei” (“El trabajo libera”), con el que las SS recibían a los deportados desde la apertura del campo, el 20 de mayo de 1940, hasta su liberación el 27 de enero de 1945 por el Ejército Rojo soviético. Precisamente ayer se cumplieron 81 años de esa liberación.

Acompañados por una guía, hemos recorrido distintos edificios del campo. Uno de los momentos que más nos ha impactado ha sido la visita al Bloque 11, una cárcel dentro del propio campo. Allí hemos visto la celda en la que murió san Maximiliano Kolbe, y en el exterior, el muro de los fusilamientos, un lugar que impone respeto y silencio.


Después nos hemos trasladado al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau, situado a unos 3 kilómetros. Estar en la vía del tren, donde llegaban los convoyes de prisioneros, ha sido especialmente duro. La mayoría de las personas que bajaban allí eran conducidas directamente a las cámaras de gas. Las ruinas de estos edificios, que las SS intentaron destruir antes de huir, permanecen como un testimonio para la historia.

Entre esas piedras murió también santa Edith Stein. Nacida en una familia judía, pasó por una etapa de ateísmo y fue una brillante estudiante de filosofía, llegando a ser la primera mujer en presentar una tesis doctoral en esta disciplina en Alemania. Colaboró con el filósofo Edmund Husserl, fundador de la fenomenología que un largo camino intelectual y espiritual se convirtió al catolicismo en 1921. Fue canonizada en 1988 por san Juan Pablo II y nombrada patrona de Europa en 1989.
Hoy nos hemos centrado por completo en la visita a Auschwitz I y Auschwitz-Birkenau. Ha sido una experiencia muy intensa, difícil de explicar con palabras, pero necesaria. Un día para recordar, guardar silencio y no olvidar.
