En Gaztelueta entendemos la educación como un proceso integral que se desarrolla en todos los ámbitos de la vida escolar. Cada espacio del colegio educa, transmite valores y ayuda a los alumnos a crecer como personas. El comedor escolar es, sin duda, uno de esos lugares donde la formación se hace especialmente visible, porque en torno a la mesa se aprenden hábitos, actitudes y modos de relacionarse que acompañarán a nuestros alumnos durante toda su vida.

Con esta convicción, este curso hemos iniciado una transformación significativa en nuestro comedor escolar. El objetivo es claro: que deje de percibirse como un comedor escolar al uso y se parezca cada vez más a una casa, a un entorno familiar en el que se come con calma, se conversa, se cuidan las formas y cada uno asume su responsabilidad. Ya no se trata solo de alimentarse, sino de aprender a comer y a convivir.

los grupos reducidos permiten a los alumnos que el comedor escolar sea una experiencia más cercana y cálida

Un ambiente más familiar

Uno de los cambios más visibles en el comedor escolar de Gaztelueta ha sido la organización en mesas de ocho alumnos, favoreciendo un clima cercano y ordenado. Esta disposición rompe con la idea de un comedor escolar masivo y facilita la conversación, la integración y la atención a los demás. Comer en grupos reducidos ayuda a que todos se sientan parte del grupo y aprendan a respetar turnos, a escuchar y a participar con naturalidad.

Sentarse juntos, mirarse a la cara y compartir la comida convierte el momento del comedor escolar en una experiencia educativa de primer nivel. La mesa deja de ser un lugar de paso para convertirse en un espacio de encuentro, donde se refuerzan vínculos y se aprende a valorar la dimensión social de la comida.

Aprender haciendo: autonomía y responsabilidad

Este curso los alumnos han empezado a servirse ellos mismos de fuentes en el comedor escolar, con cuidado y responsabilidad. Este gesto, sencillo en apariencia, encierra un aprendizaje profundo: aprender a medir, a pensar en los demás, a evitar el desperdicio y a respetar los alimentos.

la colaboración es clave en el comedor escolar de gaztelueta

Servirse implica observar, esperar, calcular y decidir. También aceptar que no siempre apetece todo, pero que formar hábitos saludables forma parte del crecimiento personal. De este modo, el comedor escolar se convierte en un espacio donde la autonomía se trabaja de manera progresiva, acompañada siempre por educadores que orientan y ayudan cuando es necesario.

Además, los alumnos montan y recogen la mesa, colaborando activamente antes y después de la comida. Colocar los utensilios, ordenar el espacio y dejar la mesa limpia refuerza el sentido de corresponsabilidad y transmite una idea fundamental: el comedor escolar es un espacio compartido y cuidarlo es tarea de todos. Como ocurre en cualquier familia, cada uno aporta su parte para que todo funcione.

el comedor escolar de Gaztelueta pone a disposición de los alumnos el menaje para que ellos mismos se sirvan la comida

Buenos modales que educan para la vida

El comedor escolar es también un lugar privilegiado para aprender buenos modales, entendidos no como normas rígidas, sino como expresiones de respeto y consideración hacia los demás. Sentarse correctamente, utilizar bien los cubiertos, hablar en un tono adecuado o esperar a que todos estén servidos son hábitos que construyen un ambiente agradable y ordenado.

Estos gestos ayudan a los alumnos a tomar conciencia de que su comportamiento influye directamente en los demás. Comer con educación en el comedor escolar no es solo una cuestión de formas, sino una manera concreta de cuidar a quienes nos rodean y de mostrar agradecimiento por lo que recibimos.

Gratitud y valoración del esfuerzo

Uno de los valores que se trabaja de manera especial en el comedor escolar de Gaztelueta es la gratitud. Agradecer la comida, respetar el trabajo de quienes la preparan y evitar el desperdicio son actitudes que educan el corazón y ayudan a valorar lo que tenemos.

los propios alumnos se sirven en el comedor escolar de Gaztelueta

Aprender a no tirar comida, a servirse con medida y a cuidar el espacio es también una forma de educar en la responsabilidad social y en la sensibilidad hacia los demás. Los alumnos descubren que detrás de cada plato hay personas que se esfuerzan y que ese esfuerzo merece respeto.

Alimentación saludable como parte de la formación integral

Todo este enfoque se apoya en una apuesta clara por la alimentación saludable. El comedor escolar de Gaztelueta ofrece una dieta equilibrada, pensada para favorecer el crecimiento, el bienestar y el rendimiento académico de los alumnos. Pero más allá del menú, el verdadero objetivo es crear hábitos duraderos.

Comer variado, probar nuevos alimentos y mantener una relación sana con la comida son aprendizajes que se consolidan desde la infancia. El comedor escolar se convierte así en un aliado fundamental de las familias, reforzando en el día a día aquello que se vive también en casa.

Un espacio que educa en convivencia

El momento de la comida ofrece una oportunidad única para trabajar la convivencia, el diálogo y la integración. Compartir mesa en el comedor escolar ayuda a conocerse mejor, a incluir a todos y a aprender a relacionarse con naturalidad y respeto. La conversación tranquila, la escucha y la atención al otro forman parte de este aprendizaje cotidiano.

el comedor escolar es sin ninguna duda un espacio de convivencia

En un mundo marcado por la prisa y las pantallas, el comedor escolar se transforma en un espacio de pausa, relación y presencia real. Un lugar donde se educa también el tono, el lenguaje y la forma de estar con los demás.

Comer como en casa, educar para la vida

En definitiva, el comedor escolar de Gaztelueta es mucho más que un servicio complementario: es un espacio educativo clave, coherente con el proyecto del colegio y con su identidad de comunidad de familias. Comer como en casa significa educar en la cercanía, la responsabilidad, el respeto y la gratitud; significa cuidar los pequeños detalles que construyen personas íntegras y maduras.

Seguimos avanzando con ilusión en este camino, convencidos de que la educación también pasa por la mesa y de que, cuando un comedor escolar se vive como en una familia los aprendizajes que nacen en él acompañan a los alumnos toda la vida.

Para servir, servir. El espíritu de servicio en Gaztelueta

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