En Gaztelueta queremos hacer especialmente nuestras estas palabras al celebrar 75 años de historia. Porque expresan muy bien lo que significa recibir una gran herencia: agradecer lo que otros hicieron antes que nosotros y comprender, al mismo tiempo, que ahora nos corresponde continuarla. Y para entenderlo merece la pena volver, aunque sea brevemente, al principio.

Antes de Gaztelueta

La historia de Gaztelueta comienza, en realidad, antes de 1951. Y comienza con nombres y apellidos.

Uno de ellos es Carolina MacMahon, Carito, como la llamaban familiarmente. En su casa de Neguri, Rosales, se alojaron san Josemaría y Pedro Casciaro en una breve visita a Bilbao en 1940. El objetivo de aquel viaje era estudiar las posibilidades de comenzar la labor apostólica del Opus Dei en Bilbao y conocer personas que pudieran ayudar a impulsarla. En aquella casa vivían también el hijo de Carolina, Pedro Ybarra, y su mujer, Adela Güell.

La casa Rosales albergó encuentros determinantes en la historia de Gaztelueta

Rosales, residencia de Carito Mac-Mahón., escenario de hechos decisivos en la gestación de Abando y del Colegio Gaztelueta

Aquellos encuentros y aquellas relaciones personales fueron creando un terreno fértil. Años después, varias familias de la zona plantearon a san Josemaría la conveniencia de promover un colegio que ofreciera a sus hijos una formación académica exigente, profundamente humana y cristiana. La idea comenzó a tomar forma.

Pedro Ybarra y Adela Güell, junto con Luis María Ybarra y Flora Zubiría y otras familias, desempeñaron un papel decisivo en aquel grupo promotor. Había que encontrar un lugar, conseguir los recursos necesarios y convertir una aspiración educativa en un colegio real. No fue sencillo.

Las familias impulsoras fueron clave en la historia de Gaztelueta

Luis Mª Ybarra (a la derecha), su esposa, Flora Zubiría (a la izquierda) y Ángel Galindez (en primer plano, sonriente). Completan la escena las hermanas Mariví, Irene y Tere Zubiría, así como José Urizar.

Inicialmente se intentó conseguir un terreno en Getxo para levantar el nuevo colegio. Finalmente, en 1951, Antonio Menchaca puso a disposición del proyecto una casa y una finca en Leioa. Durante aquel verano hubo que trabajar intensamente para transformarlas en un colegio. Profesores, obreros y amigos llegaron a trabajar a tres turnos para que todo estuviera preparado. La financiación fue posible gracias también a muchas personas que realizaron donativos, suscribieron acciones o avalaron el préstamo necesario.

El 15 de octubre de 1951, Gaztelueta abrió finalmente sus puertas. Allí estaban Pedro Ybarra y Adela Güell, Luis María Ybarra y Flora Zubiría y otras familias promotoras, junto a profesores y alumnos. Comenzaba una historia que entonces nadie podía saber hasta dónde llegaría.

Una historia construida por impulsores

Mirado desde hoy, resulta fácil contemplar Gaztelueta como una realidad consolidada. Pero en 1951 no lo era.

Antes de los edificios hubo una idea. Antes de una comunidad educativa hubo unas pocas familias. Antes de los grandes proyectos hubo conversaciones, encuentros, dificultades, decisiones y personas dispuestas a comprometerse. Gaztelueta existe porque hubo quienes decidieron impulsarlo y esa idea ha acompañado al colegio durante toda su historia. Generaciones de profesores han desarrollado una manera propia de entender la educación. Miles de familias han confiado en el proyecto. Antiguos alumnos han mantenido su relación con el colegio. Amigos, instituciones, profesionales y empresas han contribuido de maneras muy diferentes a hacerlo crecer.

Mientras tanto, Gaztelueta ha sabido evolucionar. Han cambiado las metodologías, los idiomas, la tecnología, los edificios y la propia sociedad. Pero permanece una misma convicción: cada alumno es único y educar significa ayudarle a desarrollar plenamente sus capacidades para ponerlas al servicio de los demás.

Hoy esa voluntad de seguir avanzando vuelve a manifestarse en nuevos proyectos: el Programa de la Escuela Primaria del Bachillerato Internacional, el Plan de Bienestar Digital, el Pabellón IV, Gaztelueta Global School y tantos otros retos que estamos comenzando a construir.

Está todo hecho

Cumplir 75 años nos permite mirar hacia atrás con un enorme agradecimiento.

Recibimos un patrimonio construido por muchas generaciones: una identidad, una cultura educativa, un campus, miles de antiguos alumnos, una comunidad de familias, un gran equipo profesional y una manera de entender la educación que ha sabido atravesar el tiempo. En ese sentido, está todo hecho.

Otros abrieron el camino, asumieron riesgos y encontraron los recursos. Otros imaginaron proyectos que todavía no existían. Todos dedicaron años de su vida a hacer crecer Gaztelueta.

Nosotros hemos recibido todo eso. Pero recibir una herencia no significa limitarse a conservarla.

Fueron muchos los que intervinieron en la historia de Gaztelueta

Carolina Mac-Mahón, concejala del Ayuntamiento de Bilbao, en 1927, en las escaleras del edificio consistorial. A su izquierda, el alcalde, Federico Moyua.

Y está todo por hacer

Los alumnos que llegarán a Gaztelueta dentro de diez, veinte o cincuenta años vivirán en un mundo que todavía no conocemos.

Necesitarán respuestas nuevas, nuevos espacios, nuevas formas de enseñar y aprender y nuevos proyectos. Y, seguramente, necesitarán personas capaces de hacer lo mismo que hicieron quienes comenzaron Gaztelueta: mirar más allá de lo que ya existe e imaginar lo que todavía puede existir.

Por eso hacemos nuestro, precisamente ahora, ese “está todo hecho y está todo por hacer”. Porque los impulsores de Gaztelueta no son únicamente nombres de nuestra historia. Carolina MacMahon, Pedro Casciaro, Pedro Ybarra, Adela Güell, Luis María Ybarra, Flora Zubiría y tantas otras personas hicieron lo que correspondía a su tiempo. Ahora corresponde al nuestro.

A las familias que hoy confían en Gaztelueta. A los profesores y profesionales que trabajan en el colegio. A los antiguos alumnos. A los amigos. A quienes pueden aportar conocimiento, relaciones, tiempo, talento o recursos para hacer posibles los proyectos que marcarán las próximas décadas.

Dentro de 25 años, Gaztelueta cumplirá un siglo. Quienes entonces formen parte del colegio recibirán también una historia. Y una parte de esa historia será la que nosotros estamos escribiendo ahora.

Tenemos detrás 75 años que nos permiten mirar con agradecimiento todo lo construido y tenemos por delante todo el futuro. Está todo hecho y está todo por hacer.

Quienes nos precedieron fueron los impulsores de Gaztelueta.

Ahora estamos llamados a serlo nosotros.