Hay profesiones que se eligen y otras que se viven. La de maestro pertenece a esta segunda categoría. Educar no es un trabajo que termina al sonar el timbre: es una forma de mirar a las personas, una manera de estar en el mundo. 

En Gaztelueta lo vivimos cada día. Y cuando escuchamos a Juan Vázquez -profesor de Gaztelueta-, en la Jornada de Mentoring organizada por Las AcaciasMontecastelo, hablar de la vocación de educar a los jóvenes, reconoce lo que todos sentimos: que ser maestro es acompañar vidas. Es descubrir en cada alumno un mundo que espera ser escuchado, respetado y acompañado. Es poner el corazón en la tarea de ayudar a otros a crecer. Es una forma de mirar a cada alumno con la certeza de que, a través de lo cotidiano y lo cercano, se puede transformar una vida.

Profesores que creen en las personas

En Gaztelueta lo vivimos así. La educación adquiere un sentido profundo cuando se entiende como un acto de entrega. Cuando uno entra en un aula y descubre que enseñar no consiste únicamente en transmitir conocimientos, sino en acompañar procesos de aprendizaje y crecimiento, en estar presente mientras cada alumno se descubre a sí mismo.

Juan Vázquez, profesor de Gaztelueta, traslado a los alumnis de Las Acacias-Montecastelo la pasión de la vocación docente

Por eso, si hay un elemento común de valor del profesor de Gaztelueta, más allá de su formación, es por encima de todo, su entrega y su capacidad de inspirar. Su huella no se queda en los libros o en las pizarras: se queda en la vida de cada uno de nuestros alumnos. Escuchando de verdad, mirando desde el corazón, corrigiendo con exigencia y acompañado con paciencia. Ese modo de educar, hace que cada alumno se sienta querido como es y animado a convertirse en quien está llamado a ser.

El estilo educativo en Gaztelueta nace además de una profunda pasión por el saber. El amor por el conocimiento y la cultura se vive en cada etapa. Pero este amor no se queda en lo académico: se orienta siempre a la persona. Se busca enseñar a pensar, a entender, a hacer preguntas, a descubrir el mundo con curiosidad y criterio.

 

la educación personalizada se hace evidente gracias a la labor de preceptuación del profesor de Gaztelueta

Una educación orientada a la vida

Quien se dedica a la educación conoce un tipo de alegría difícil de explicar: la de observar el crecimiento de cada uno de sus alumnos.
Ver cómo un alumno que antes dudaba, ahora se atreve. Ver cómo aquel que tenía miedo descubre su talento. Ver cómo crece la responsabilidad, la generosidad o el sentido del servicio.

Esa transformación, silenciosa y constante, es la fuente de alegría que sostiene la vocación docente. Dar clase cansa, exige, interpela… pero también llena. Da sentido. Porque cada pequeño avance de un alumno recuerda por qué merece la pena entregarse.

el compromiso e implicación del profesor de Gaztelueta es determinante en el desarrollo de su proyecto educativo

Servir educando, educar sirviendo

La vocación de maestro es por tanto una forma de amar. Amar lo que uno enseña, pero sobre todo amar a quien lo aprende. Por eso el profesor de Gaztelueta intenta que cada alumno sienta que tiene un lugar, un nombre, una historia que merece ser acompañada.

Educar es, en definitiva, un acto de amor y de servicio. Un compromiso que se renueva cada mañana y que convierte el aula en un lugar donde se construye futuro.

En Gaztelueta estamos convencidos de que la vocación de maestro —cuando se vive con entrega, alegría y sentido— no solo enseña: cambia vidas. Y desde esas vidas, también cambia el mundo.

 

 

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