Con el paso de los años, uno de los aspectos que más destacan los antiguos alumnos de Gaztelueta es la relación entre profesores y alumnos. Sean cuales sean sus resultados académicos o el camino que hayan seguido después, permanece el recuerdo de haberse sentido conocidos, queridos y acompañados. Recuerdan a quienes confiaron en ellos, les ayudaron a descubrir sus fortalezas y estuvieron cerca cuando lo necesitaron. La confianza, el respeto y la libertad con los que se construye esa relación entre profesores y alumnos son las claves de un vínculo que puede durar toda la vida.

En Gaztelueta, ese vínculo comienza a construirse desde el primer día. Cada alumno llega con una forma de ser, unas capacidades y unas circunstancias propias. Conocerle requiere tiempo, atención y disposición para escuchar. También exige mirar más allá de sus resultados y descubrir todo lo que puede aportar. Sentirse querido como es, le da seguridad para afrontar dificultades, reconocer errores y desarrollar sus posibilidades.

La confianza se construye cada día

La confianza se fragua en los pequeños gestos cotidianos: una explicación que el profesor repite con paciencia, una corrección que cuida las formas o una pregunta al terminar la clase. Recordar algo que el alumno contó días atrás o advertir que hoy está más callado expresa un interés verdadero por su persona.

la observación y la atención diferenciada de cada uno de nuestros alumnos permite una verdadera educación personalizada

Esta relación necesita constancia. Compartir las alegrías, los esfuerzos y los pequeños tropiezos de cada curso permite que, cuando llega una dificultad personal o familiar, exista un vínculo sobre el que apoyarse. El alumno sabe a quién acudir porque ha experimentado muchas veces esa cercanía. La ayuda encuentra un camino abierto por la presencia habitual.

Dentro del aula, la preparación de las clases, el entusiasmo por la asignatura y la disposición para resolver dudas expresan respeto por los alumnos. También lo expresa la forma de afrontar un error: ayudar a comprender qué ha fallado, ofrecer otra oportunidad y enseñar a volver a intentarlo.

Desde esa confianza, la exigencia cobra sentido. El alumno comprende que su profesor le pide un esfuerzo porque cree en él. A su vez, aprende a valorar su dedicación, escuchar sus orientaciones y responder con responsabilidad. El respeto mutuo permite preguntar, aceptar una corrección y hablar con sinceridad.

Dentro y fuera del aula

La relación crece también en el patio, una salida al monte, una actividad deportiva o una convivencia. Compartir estos momentos permite conocerse mejor y descubrir cualidades que a veces pasan inadvertidas en clase.

El alumno que encuentra dificultades académicas puede ser quien anima al grupo cuando llega el cansancio, acompaña al compañero que se ha quedado atrás o resuelve un imprevisto. El profesor tiene así nuevas oportunidades de reconocer sus fortalezas y ayudarle a desarrollarlas.

La confianza entre profesores y alumnos se trabaja en diferentes contextos

Los alumnos también descubren otras facetas de sus profesores: su sentido del humor, su paciencia y su disposición para ayudar. El respeto se afianza al comprobar la coherencia entre lo que enseñan y cómo viven.

El año pasado, alumnos que acababan de terminar 2º de Bachillerato quedaron con uno de los profesores más veteranos de Gaztelueta en Praga durante su viaje de Interrail. Comenzaban una nueva etapa y seguían queriendo encontrarse. Aquel encuentro refleja una relación que conserva su valor después de las clases: permanecen el afecto, el respeto y el deseo de compartir tiempo.

La madurez de la relación entre profesores y alumnos en Bachillerato trae consigo vínculos fuertes

Acompañar desde la libertad

Esta presencia tiene especial importancia en años determinantes para el desarrollo personal. Cuando se forman el carácter, la autoestima y el criterio propio, contar con adultos de confianza ayuda a afrontar preguntas e inseguridades.

Cada alumno debe poder expresar sus opiniones, plantear una duda o manifestar un desacuerdo con la seguridad de que será escuchado y respetado. Se le quiere como es. El profesor escucha, propone, ofrece razones y ayuda a reflexionar, respetando su libertad. Acompañar significa ayudarle a encontrar su camino y asumir sus decisiones con responsabilidad.

En Gaztelueta, la preceptuación da continuidad a ese trato personal, en colaboración con las familias. Ofrece tiempo para conversar, reconocer avances y abordar preocupaciones. Su valor descansa en la confianza y en una disposición constante para estar cerca, con especial sensibilidad cuando surgen circunstancias personales o familiares complejas.

Una huella que permanece

Conocer a cada alumno permite ayudarle a sacar lo mejor de sí mismo a todos los niveles. Hay fortalezas intelectuales, deportivas, creativas y sociales; capacidad para liderar, escuchar, perseverar o cuidar. Todas merecen ser cultivadas y puestas al servicio de los demás. El profesor lo enseña con su ejemplo y con la confianza que deposita en cada uno.

 

La intervención de Jaime Bernar en la Sociedad Filarmónica, durante el Acto Institucional del 75º aniversario, nos invitó a recordar esa huella personal de la educación. Los antiguos alumnos conservan el agradecimiento hacia profesores determinantes en su crecimiento. 

También Borja Luzuriaga, Luzu, recordó en su intervención en la mesa redonda a esos profesores con los que siempre se ha sentido libre para ser él mismo, querido y respetado. Una confianza que ha dado lugar a conversaciones enriquecedoras, incluso desde formas muy distintas de ver la vida. Con los años, permanece una relación cercana y la certeza de poder seguir contando con ellos.

Luzu habló en la Filarmónica de la riqueza de la confianza entre profesores y alumnos desde la libertad de sentirse único

En Gaztelueta, el vínculo entre profesores y alumnos se construye cada día desde el cariño y el deseo de lo mejor para cada uno. Crece entre clases, conversaciones y experiencias compartidas, y permanece después de dejar el colegio: cambian las etapas, pero sigue viva la certeza de sentirse querido y de tener con quién contar.

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