Hay celebraciones que ayudan a comprender mejor quiénes somos. El 75 aniversario de Gaztelueta ha sido una de ellas. Los encuentros entre generaciones, las palabras compartidas y la alegría de los alumnos nos han permitido reconocer lo que da continuidad a nuestra historia: una manera de educar que une excelencia académica, formación personal y vocación de servicio.
Estos días hemos celebrado mucho más que el paso del tiempo. Hemos agradecido el compromiso de quienes han hecho posible el colegio y renovado una responsabilidad compartida: acompañar a cada alumno para que desarrolle sus capacidades y contribuya a mejorar el mundo. En esa tarea, sostenida durante 75 años, se expresa la identidad de Gaztelueta.
Una historia que sigue viva en las personas
Desde 1951, Gaztelueta desarrolla un proyecto educativo de inspiración cristiana, impulsado por san Josemaría, que sitúa a cada persona en el centro. Esta convicción se concreta en conocer a los alumnos, descubrir sus talentos y ayudarles a afrontar sus dificultades.
Durante la celebración hemos visto esa historia reflejada en quienes comenzaron su escolaridad en los primeros años del colegio, en antiguos profesores y en familias de distintas generaciones. Sus recuerdos hablan de relaciones que perduran, aprendizajes que acompañan y ejemplos que siguen orientando decisiones.
El homenaje a los antiguos directores expresó nuestra gratitud por una dedicación construida día a día, también entre dificultades. Su trabajo permanece también en la vida de miles de alumnos.
Excelencia académica y formación personal
Queremos que nuestros alumnos aprendan mucho y bien. Que adquieran conocimientos sólidos, desarrollen hábitos de trabajo y sepan pensar, preguntar y expresarse con rigor. La exigencia académica es una forma de respeto hacia sus capacidades y una parte esencial de nuestro compromiso con las familias.
Al mismo tiempo, educar supone ayudarles a descubrir qué hacer con lo aprendido. La preparación intelectual alcanza su mayor valor cuando se acompaña de honestidad, criterio y sensibilidad hacia las necesidades de los demás.
Por eso, en Gaztelueta entendemos la excelencia como una aspiración que compromete a toda la persona. Esforzarse, colaborar, reconocer un error o cumplir una responsabilidad son aprendizajes decisivos para la vida.
Libertad y responsabilidad para construir el futuro
En el acto institucional de la Sociedad Filarmónica de Bilbao, la libertad y la responsabilidad ocuparon un lugar destacado. Ambas forman parte de los orígenes del colegio y siguen orientando nuestra tarea educativa.
Aprender a decidir exige formar el criterio, conocer las consecuencias de los propios actos y asumir compromisos. Es un proceso gradual que necesita oportunidades, confianza y acompañamiento.
Una conversación con el preceptor, una responsabilidad en clase o una dificultad compartida pueden convertirse en ocasiones para madurar. La educación personalizada permite atender esos momentos y ayudar a cada alumno a avanzar. Queremos que nuestros alumnos sean capaces de dirigir su vida y ejercer un liderazgo entendido como servicio.
Familia y colegio: educar desde la confianza
La intervención de Susana Rodríguez recordó la importancia de la sintonía entre familia y colegio, sustentada en valores cristianos compartidos. Una alianza que necesita diálogo, cercanía y confianza.
Los padres son los primeros educadores de sus hijos. El colegio colabora con ellos aportando experiencia, atención y una mirada compartida sobre su crecimiento. Esta relación cobra especial valor cuando aparecen dificultades y es necesario escuchar, comprender y buscar juntos el mejor camino.
El aniversario ha mostrado la fuerza de ese vínculo. Familias de distintas generaciones se han reencontrado con profesores y amigos, mientras los alumnos actuales descubrían que pertenecen a una historia que continúa creciendo con ellos.
Instituciones que transforman, personas que se comprometen
Juan Ignacio Vidarte nos invitó a reflexionar sobre el poder transformador de las instituciones. Su intervención puso de relieve la importancia de una visión de futuro y del compromiso necesario para convertirla en realidad.
Los reconocimientos a Zabalketa y al Banco de Alimentos de Bizkaia acercaron esa reflexión a experiencias concretas. La cooperación internacional y la atención a personas que atraviesan dificultades muestran el alcance social de una vocación de servicio sostenida.
Su ejemplo plantea una pregunta educativa fundamental: ¿cómo ponemos nuestras capacidades al servicio de los demás? Formar personas preparadas implica también despertar esa inquietud y ofrecer oportunidades para convertirla en acciones.
Celebrar lo recibido y renovar el compromiso
La identidad se aprende también en lo que vivimos juntos. Las actividades de los alumnos, el deporte, las gymkanas y los relevos compartidos; los encuentros del Family Day y la emoción de la Filarmónica hicieron visible una comunidad que disfruta reuniéndose.
La Misa del domingo, último encuentro de la celebración, nos reunió para agradecer a Dios estos 75 años y encomendarle el futuro del colegio.
Después llegó la emoción serena de volver a las aulas con tantos recuerdos recientes. Allí continúa lo esencial: profesores que acompañan, familias que confían y alumnos que crecen. Ese compromiso cotidiano mantiene viva la identidad de Gaztelueta y hace de ella una educación capaz de transformar vidas.